2 de mayo de 2011

¿Por qué la UCR? ¿Por qué Alfonsín?

Estamos en un año en el que se elige presidente en nuestro país y en el cual se vive una vorágine diferente a la de otras épocas. Sin embargo, y aunque nuestro compromiso militante se plasme en la acción todas las semanas, meses y años, haya o no elecciones, estos momentos también son propicios para poder transmitir nuestras ideas y, en esta ocasión, hacer una breve explicación acerca de por qué somos parte del proyecto político que encarna Ricardo Alfonsín.


Nos parece central en este momento histórico de nuestro país ser parte de la construcción de una tercera opción política. Estamos hablando de una opción de cambio entre el corporativismo populista del kirchnerismo, engañosamente progresista, y la derecha liberal e individualista del PRO, representante de los peores valores humanos que nos ha legado el avance neoliberal de las últimas décadas. Somos conscientes de que un sistema político así articulado entre estos dos sectores es ajeno a las demandas de grandes sectores sociales, particularmente de aquellos en situación más precaria, continuamente postergados en la era del desinterés social y la apatía política, y acreedores de una democracia maltratada que debemos recrear. Pero también es indiferente para amplios sectores medios que siguen teniendo insatisfechas sus demandas de mejor calidad de vida y no ven cómo el enorme crecimiento económico, repetido como un latiguillo por monótonos y genuflexos funcionarios de gobierno, repercute de manera positiva en su cotidianeidad. Por eso estamos convencidos de que Ricardo Alfonsín encarna esta opción de cambio. Tenemos conjuntamente una visión socialdemócrata e igualitaria de la sociedad. Como él, vemos la política íntimamente asociada a la participación, a la solidaridad y al compromiso ciudadano. Sabemos que necesitamos regenerar un proceso político propio que otorgue progresivamente derechos y se plantee como objetivo prioritario las transformaciones sociales necesarias para la construcción de la democracia social y de una igualdad que consideramos precondición de la libertad. Profundizar los procesos de democratización dentro de la construcción de un Estado más dinámico y soberano, frente a los ejercicios vigorosos de los poderes fácticos, corporativos y sectoriales, nos parece ineludible. Pero ampliar las fronteras de la democracia y buscar mayores niveles de equidad requiere un trabajo conjunto y un compromiso colectivo. Entendemos que para estar a la altura de estas circunstancias históricas debemos ser capaces de trabajar por la construcción de un frente progresista que exponga mayoritariamente en la arena política este proyecto transformador. Por eso es una obligación moral cimentar un gran frente con otras fuerzas del campo popular con las cuales compartimos una cosmovisión similar en cuanto a edificar este gran movimiento colectivo, plural y participativo, con la esencia propia de cada sector, pero con un mismo faro que oriente el camino de todos. Nuestra responsabilidad como radicales y militantes políticos es dar esta batalla cultural en el campo de las ideas. Y este proyecto será exitoso si se monta en una condición que creemos irrevocable: recrear un partido de mayorías que se inserte en los grandes sectores populares y que sea una verdadera herramienta para el cambio, un partido que funcione como un auténtico canal de demandas sociales y que se plantee de manera determinante la reconstrucción de los lazos sociales de igualdad.

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